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Para comprender los monopolios

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Jorge Bravo. Es obvio, pero no está de más recordarlo: los monopolios se configuran para expandirse e incrementar sus ganancias. Las más recientes alianzas estratégicas anunciadas entre Teléfonos de México-América Móvil (que, por lo demás, nunca estuvieron distanciadas) y Televisa-Nextel (sólo en caso de resultar ganadoras de la licitación del espectro para ofertar servicios inalámbricos de cuarta generación) evidencian esa primacía económica. Sin embargo, lo que resulta menos aparente son las estrategias que cada conglomerado intenta llevar a cabo para alcanzar su objetivo, ganar ventajas competitivas, buscar nuevos mercados y controlar al máximo las incertidumbres y riesgos que conlleva el negocio cuando depende de mercados y agentes externos.

Si bien la concentración de la propiedad mediática es una característica del actual sistema de medios de comunicación y de telecomunicaciones, lo cierto es que el fenómeno no es nuevo. En el siglo 19 Honoré de Balzac cuestionaba el monopolio de Charles Havas respecto del servicio de envío de información por telegrama en Francia, porque disminuía las fuentes de información. A principios del siglo 20 William Randolph Hearst configuró un emporio periodístico, radial y cinematográfico que le otorgó un enorme poder financiero y político, al grado de desatar una guerra contra España y contender por el Partido Demócrata a la presidencia de Estados Unidos en 1904. El poder que confiere la concentración de la propiedad mediática –y la atención que debe merecer por parte de autoridades y ciudadanos– queda de manifiesto con los gobiernos de Silvio Berlusconi en Italia y Sebastián Piñera en Chile, ambos empresarios hegemónicos de la comunicación en sus respectivos países.

Por el contrario, en el Reino Unido la creación del monopolio público de la radio y la televisión a través de la BBC tenía la intención de salvaguardar el interés público y el derecho a la libertad de expresión de los ciudadanos británicos. El de la BBC londinense es un modelo que confirma no sólo la regla sino la posibilidad de que un monopolio público opere con eficiencia, calidad y garantice las libertades y derechos humanos. Es decir, uno de los argumentos más consistentes contra la concentración de la propiedad de los medios es que restringe el libre flujo de comunicación e información, limitando la diversidad, la pluralidad y la libertad de expresión.

Los monopolios constituyen concentración económica pero también política. El crecimiento de las empresas se determina con base en sus posesiones, ingresos, beneficios, empleados y el valor de sus acciones. En el terreno de la comunicación, los vertiginosos cambios en la estructura de las industrias tiene que ver con las innovaciones tecnológicas, los productos y servicios que ofertan, las transformaciones de las audiencias, la política y la regulación del Estado.

En el caso de México, Telmex requiere que la autoridad autorice el cambio de su título de concesión para poder transmitir señales de televisión, el servicio que le falta, ambiciona y ya posee en algunos países de América Latina. La empresa del magnate Carlos Slim ha hecho amagos en ese sentido en más de una ocasión: durante años participó del 50 por ciento de las acciones de Cablevisión; el 23 de diciembre de 2008 lanzó Uno TV Noticias, un noticiario por Internet a través de Prodigy Media; ha establecido convenios con Fox News, TeleFórmula y TV UNAM para retransmitir sus contenidos, y actualmente factura a través del recibo telefónico el servicio Dish de televisión restringida de MVS.

En el caso de que la autoridad finalmente accediera a modificar el título de concesión y Telmex pudiera constituirse en un contrapeso del duopolio televisivo, la pregunta es si el conglomerado constituiría una alternativa real y distinta al actual modelo de televisión mercantilizada, anodina y sin calidad que representa Televisa y TV Azteca. Lo cierto es que, debido a la competencia que le ha representado las cableras, las cuales sí tienen licencia para ofrecer televisión restringida, Internet y telefonía, en los últimos cinco años Telmex ha perdido dinamismo y sus ingresos totales han disminuido, si bien no ha dejado de obtener ganancias.

Una situación similar experimenta Telefónica en España. Como el mexicano, el mercado ibérico está fuertemente concentrado. En 2009 Telefónica controlaba 44 por ciento de las líneas telefónicas y compartía el mercado con la inglesa Vodafone (32% de líneas) y la francesa Orange (21% de líneas). De enero a septiembre de 2009, los ingresos de Telefónica Latinoamérica (16,616 millones de euros) fueron superiores a los dividendos obtenidos en España (14,655 mde); su principal mercado en América Latina es Brasil, el de mayor potencial y dinamismo en la región. Por ello, la estrategia de Telefónica consiste en la internacionalización de sus negocios y servicios en regiones y mercados que han demostrado generar dividendos y tener regulaciones laxas.

Idéntica estrategia persigue América Móvil que, ante la indefinición del gobierno calderonista y su aparente favoritismo a los intereses de Televisa, Slim no dudó en transferir una inversión de 105 millones de dólares durante 2008 para sus negocios en Brasil. América Móvil sí ha tenido crecimientos espectaculares a nivel continental; mientras la competencia con Telefónica en México permitió que Telcel sólo sumara 807 mil suscriptores en el cuarto trimestre de 2009, en Brasil fueron 2.1 millones de usuarios nuevos en el mismo periodo. De septiembre de 2008 a septiembre de 2009 los suscriptores de América Móvil pasaron de 35.6 millones a 42.27 millones en el país gobernado por Luis Inacio Lula da Silva, una tasa de crecimiento de 18.5 por ciento, mientras que la de México se situó en 7.3 por ciento. Tanto Telefónica como Telcel miran el mercado brasileño como el más prometedor para alcanzar sus metas de crecimiento.

Televisa tiene otra estrategia en mente, aunque el objetivo también se enfoque hacia la convergencia tecnológica. Ya domina el mercado de los contenidos y tiene presencia dominante en la televisión abierta y restringida, además de radio, revistas, Internet, casas de juegos y una amplísima gama de negocios vinculados al entretenimiento. Como demostró la agresión al futbolista Salvador Cabañas, las redes e influencia de Televisa son mayores a las imaginadas, pues tiene ingerencia en una serie de personas y empresas que si bien no son de su propiedad, sí reproducen los esquemas y productos (incluidos artistas y conductores) hechos por la televisora de Emilio Azcárraga Jean.

El negocio que le hace falta para completar la convergencia es la telefonía inalámbrica, a través de la experiencia y conocimiento acumulados de Nextel. La fallida Ley Televisa, que en su polémico artículo 28 quiso asegurarle sólo a los radiodifusores la prestación de servicios adicionales de telecomunicaciones, obligó a la principal promovente que le dio nombre a la iniciativa a modificar su estrategia para ingresar de lleno al sector de las telecomunicaciones.

Por ello, en 2006 Televisa compró 50 por ciento de Televisión Internacional (TVI), una compañía de televisión por cable, por un monto de 769.4 millones de pesos; así como 49 por ciento del capital social de Cablemás, la segunda compañía de televisión por cable más importante en México, por 258 millones de dólares. Un año después, Grupo Televisa también adquirió el control de Bestel, empresa dedicada a ofrecer servicios de telefonía local y de larga distancia, Internet y telecomunicaciones de valor agregado a los sectores empresarial, corporativo y de gobierno en las regiones de mayor actividad económica y comercial (es decir, sin ninguna preocupación por la cobertura social), por 325 millones de dólares. Después de la infraestructura de Telmex y de la Comisión Federal de Electricidad (CFE), Bestel posee la tercera red más importante con 6 mil kilómetros de fibra óptica.

Estas tres adquisiciones –después de que no pudieron imponer la Ley Televisa– son clave para entender la estrategia expansionista del consorcio comunicativo, que busca controlar una infraestructura propia de transporte de información, ofertar servicios adicionales de telecomunicaciones, hacerse de una amplia red de comunicación inalámbrica de cuarta generación y convertir la telefonía móvil en una industria cultural gracias a la hegemonía de Televisa en la producción y distribución de contenidos.

A diferencia de Telefónica, Nextel sirve a estos propósitos y se adapta a la perfección al plan de negocios de Televisa. Si bien en septiembre de 2009 Nextel sólo poseía 4 por ciento de los suscriptores totales de telefonía móvil (2 millones 910 mil usuarios), en comparación con los 58.3 millones de Telcel (72%), los 16.7 millones de Movistar (21%) y los 3.5 millones de Iusacell (4%), en cambio posee el ARPU (Average Revenue Per User) más elevado de todos los operadores de telefonía móvil en México, equivalente a 47 dólares (el de Telcel es de 13 y el de Movistar de 11 dólares).

El ARPU es el promedio de ingresos por usuario que obtiene una compañía en determinado tiempo. Son las ganancias que aportan los suscriptores a la empresa. Es decir, por el tipo de plan, trabajo y perfil los clientes de Nextel (aunque sean pocos) gastan más en comunicación móvil que los usuarios de Telcel (aunque sean muchos). En telefonía móvil es común que los usuarios sólo utilicen el dispositivo inalámbrico para recibir llamadas; en cambio, la mayoría de los clientes de Nextel se comunican más y reciben el servicio de telefonía móvil a través del sistema de pospago, en lo que la empresa denomina soluciones de negocios. Ese nicho empresarial es ideal para el plan mercadológico de Televisa, por eso su alianza con Nextel –de consolidarse– resulta lógica.

Así, Telmex-Telcel y Televisa-Nextel buscan lo mismo: convergencia y transporte en redes, plataformas, información y contenidos. Quieren todo y están en una guerra y estampida descarnadas por conseguir el elemento que les hace falta para lo que consideran el negocio del futuro./font>

Publicado en El Búho en marzo de 2010.

 

Autores

Rotafolio Javier Corral Jurado
Plaza Pública Miguel Ángel Granados Chapa
Sociedad y poder Raúl Trejo Delarbre
Telecom y Medios Gabriel Sosa Plata
Reflexiones Análisis de autores invitados

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